Estados Unidos ha colocado bajo su punto de mira a Raúl Castro, la figura más trascendental del régimen cubano en las últimas décadas. A sus 94 años, el exdirigente enfrenta una imputación judicial por su presunta responsabilidad en el derribo de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate en febrero de 1996, en el que murieron cuatro personas.La justicia estadounidense le acusa de cuatro cargos de asesinato, conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves, delitos que conllevan posibles penas de cadena perpetua o muerte.
Rol central en la historia cubana
Raúl Castro ha sido una figura clave en la Revolución cubana desde sus inicios. Combatiente junto a su hermano Fidel y Ernesto “Che” Guevara, fue ministro de las Fuerzas Armadas durante casi medio siglo y artífice de las mayores reformas económicas del régimen comunista.Aunque cedió formalmente la presidencia a Miguel Díaz-Canel en 2018 y la dirección del Partido Comunista en 2021, analistas consideran que sigue siendo el hombre más influyente en la estructura de poder cubana, especialmente en asuntos militares y de seguridad.
Contexto actual de la imputación
La acusación llega en uno de los momentos más delicados para Cuba en décadas: una grave crisis económica y energética agravada por el bloqueo petrolero impuesto por Washington. Recientemente, funcionarios estadounidenses y cubanos —entre ellos figuras cercanas a Raúl Castro— han mantenido discretas reuniones en La Habana para abordar el futuro de la isla. Su nieto y guardaespaldas, Raúl Guillermo Rodríguez Castro (“El Cangrejo”), ha sido señalado como uno de los principales interlocutores.La última aparición pública de Castro fue en el desfile del 1 de Mayo de 2026, donde acompañó a Díaz-Canel vestido con uniforme militar.
Reacciones y repercusiones
La imputación es vista como una escalada significativa en la presión estadounidense sobre el régimen cubano, en línea con acciones recientes como la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Cuba ha calificado la medida como una “acción política sin basamento jurídico”. La figura de Raúl Castro, siempre más discreta y pragmática que la de su hermano Fidel, representa para muchos el último gran símbolo vivo de la Revolución de 1959.

