La creciente tensión geopolítica entre Estados Unidos y China podría complicar la elección del próximo secretario general de las Naciones Unidas, un proceso que ya está marcado por negociaciones reservadas, rivalidades diplomáticas y desacuerdos entre las grandes potencias. El nuevo jefe de la ONU deberá asumir el cargo el 1 de enero de 2027, en reemplazo de António Guterres.
Una elección marcada por las rivalidades
La designación del secretario general no depende únicamente de una votación abierta entre los 193 países miembros de la ONU. En la práctica, el candidato debe conseguir primero el respaldo del Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos y China tienen poder de veto junto con Rusia, Francia y Reino Unido.
Esto significa que cualquiera de los cinco miembros permanentes puede bloquear a un candidato. Por esa razón, las diferencias entre Washington y Pekín podrían convertir la elección en una disputa por influencia internacional, especialmente en temas como seguridad, comercio, tecnología, Taiwán, derechos humanos y el papel de las instituciones multilaterales
Estados Unidos busca un secretario general alineado con sus prioridades
La administración de Donald Trump está siguiendo de cerca la carrera y pretende que el próximo líder de Naciones Unidas sea compatible con su agenda. Entre sus prioridades se encuentran la reducción del presupuesto de la organización, una menor estructura burocrática y una revisión de la participación estadounidense en distintos programas de la ONU.
Washington también podría oponerse a candidatos que considere demasiado cercanos a China o que no respalden su visión sobre la política internacional. Analistas citados por medios estadounidenses señalaron que la Casa Blanca ya observa la carrera desde una perspectiva estratégica y no solamente institucional.
China también tiene capacidad para bloquear candidatos
Pekín, por su parte, podría utilizar su veto para impedir la llegada de una figura que considere demasiado cercana a Estados Unidos o crítica de los intereses chinos. La rivalidad entre ambas potencias se refleja en asuntos como el futuro de Taiwán, las disputas en el mar de China Meridional y la competencia por el liderazgo tecnológico y económico.
La elección del secretario general podría convertirse así en otro escenario de la competencia entre las dos mayores potencias económicas del mundo. Si ninguna de ellas acepta al candidato favorito de la otra, el proceso podría prolongarse durante meses.

