El 9 de octubre de 1967, en la pequeña localidad de La Higuera, en Bolivia, fue ejecutado Ernesto Che Guevara, uno de los principales protagonistas de la Revolución cubana. Tenía 39 años y había sido capturado el día anterior por el Ejército boliviano, después de resultar herido durante un enfrentamiento en la zona de la quebrada del Churo.
Su muerte no fue el resultado de un combate en ese momento, sino de una orden de ejecución transmitida desde la cúpula militar. Décadas después, documentos desclasificados y testimonios de los protagonistas permitieron reconstruir parte de lo ocurrido durante sus últimas horas, incluida la demora del sargento encargado de disparar y el posterior ocultamiento de sus restos.
La captura del Che en las montañas de Bolivia
En 1966, Guevara llegó clandestinamente a Bolivia con el objetivo de organizar una guerrilla revolucionaria que pudiera extenderse por América Latina. Sin embargo, su grupo enfrentó dificultades para conseguir apoyo entre la población campesina, además de problemas de abastecimiento, enfermedades y una creciente presión militar.
El 8 de octubre de 1967, las fuerzas del Ejército boliviano localizaron a los guerrilleros en la quebrada del Churo. Durante el enfrentamiento, Guevara resultó herido, su arma quedó inutilizada y finalmente fue capturado.
Los militares lo trasladaron a una pequeña escuela de La Higuera, donde pasó sus últimas horas bajo custodia. Su captura representó un golpe decisivo para la guerrilla que dirigía en territorio boliviano.
La orden secreta que decidió su destino
Tras la captura, las autoridades militares bolivianas discutieron qué hacer con el prisionero. La decisión de ejecutarlo se comunicó mediante mensajes codificados entre La Paz y los mandos militares en la zona.
Un memorando de la CIA fechado el 13 de octubre de 1967 recoge que se utilizaron los números 500 para identificar al Che, 600 para indicar que debía mantenerse con vida y 700 para ordenar su ejecución. El documento señala que la orden de matarlo llegó desde La Paz a las 11:50 de la mañana del 9 de octubre.
Mario Terán: los 40 minutos antes del disparo
El hombre elegido para ejecutar al Che fue Mario Terán Salazar, un sargento del Ejército boliviano. Según el relato que se le atribuyó en una entrevista publicada por la revista francesa Paris Match en 1967, Terán dudó durante unos 40 minutos antes de cumplir la orden.
El militar habría intentado conseguir que un superior cancelara la ejecución, pero finalmente recibió instrucciones de continuar. Cuando entró en la habitación donde estaba Guevara, el prisionero comprendió lo que iba a suceder.
Según la versión más conocida de aquel encuentro, el Che le dijo que se serenara y apuntara bien, porque iba a matar a un hombre. Terán disparó y Guevara murió poco después. El sargento describiría posteriormente aquel momento como una de las experiencias más difíciles de su vida.
Terán falleció en marzo de 2022, a los 80 años, en Santa Cruz de la Sierra. Su participación en la ejecución quedó registrada en numerosos testimonios y reconstrucciones históricas.
El traslado del cadáver a Vallegrande
Después de la ejecución, el cuerpo fue trasladado en helicóptero hasta Vallegrande, donde quedó expuesto en la lavandería del hospital Nuestro Señor de Malta.
Las autoridades militares permitieron que periodistas, fotógrafos y otras personas observaran el cadáver. Las imágenes tomadas allí recorrieron el mundo y se convirtieron en algunas de las fotografías más conocidas de la historia latinoamericana del siglo XX.
La apariencia del cuerpo, con los ojos abiertos y el cabello largo, llamó especialmente la atención. Algunos observadores compararon la imagen con representaciones religiosas de Cristo, una asociación que contribuyó a convertir la fotografía en un símbolo de gran impacto cultural.
Durante los días siguientes, los militares también conservaron las manos de Guevara para facilitar su identificación mediante las huellas dactilares.

