La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, y especialmente el bloqueo del estrecho de Ormuz, ha generado un fuerte aumento en los precios del petróleo, beneficiando directamente a Guyana, uno de los productores de crudo de más rápido crecimiento en el mundo.La producción del país ya supera los 920.000 barriles diarios (frente a los 892.000 de finales de 2025), y los ingresos petroleros se han disparado. Según estimaciones, Guyana está recibiendo alrededor de US$623 millones semanales por exportaciones de crudo, lo que representa un aumento significativo respecto a las proyecciones previas a la guerra.
Impacto económico positivo
- El sector petrolero ya representa más del 20% del PIB y más del 60% de las exportaciones.
- Los ingresos por hidrocarburos han permitido acelerar proyectos de infraestructura (carreteras, escuelas, centros de salud) y entregar bonos de US$500 a ciudadanos mayores de 18 años.
- La economía de Guyana ha registrado un crecimiento promedio del 40,9% anual desde 2020, el más alto del mundo, impulsado principalmente por el petróleo.
La otra cara de la bonanza
A pesar de los beneficios, el país enfrenta desafíos:
- Inflación y encarecimiento: Los precios de los combustibles y alimentos han subido (alrededor del 25% en algunos productos), reduciendo el poder adquisitivo de la población.
- Desigualdad: Aunque el país crece rápidamente, muchos guyaneses aún viven en pobreza y los salarios reales no han mejorado significativamente.
- Gestión de recursos: Existen críticas por posibles retrasos y sobrecostos en proyectos clave (como el de gas natural) y percepciones de mala administración o corrupción.
Contexto de Guyana
Guyana inició su producción petrolera hace apenas seis años, pero ya es uno de los mayores productores de Sudamérica. Su rápido crecimiento ha transformado la economía, pero también genera tensiones sociales y ambientales, especialmente por la explotación de arenas bituminosas y sus impactos en comunidades indígenas y ecosistemas.La bonanza actual refuerza la posición de Guyana como un petroestado emergente, pero también pone de manifiesto los retos de gestionar una riqueza repentina en un contexto de crisis global.

