En medio del 70 aniversario de la Bundeswehr, el Gobierno alemán, liderado por la coalición CDU/CSU-SPD, ultima el restablecimiento del servicio militar obligatorio para hombres de 18 años a partir de 2026. Según el diario Bild, se contactará a 700.000 jóvenes: primero se buscarán voluntarios entre los aptos y, de no alcanzarse el cupo, se realizará un sorteo. La medida, que será votada en el Bundestag el 5 de diciembre de 2025, ha desatado protestas y temor entre adolescentes como Jimi Herken, de 17 años, quien acaba de iniciar estudios de informática en Berlín. “No tengo ningún deseo de morir en la guerra”, declara durante una manifestación en el puente Marschall, donde una quincena de personas exigió la cancelación del proyecto.
El rechazo no es solo personal, sino ideológico. Jimi, miembro de la Juventud de Izquierda, considera impensable combatir por un país y teme herir o matar a otros. Nina Fiedler, de 20 años y activista de la alianza ¡No al servicio militar obligatorio!, alerta sobre un posible “ejército de los pobres”: jóvenes sin perspectivas serían atraídos por incentivos como sueldos o permisos de conducir, mientras las clases acomodadas eludirían el reclutamiento. Aunque el borrador actual solo afecta a hombres, la CDU/CSU ha expresado voluntad de incluir mujeres, lo que amplía la preocupación. Nina denuncia un sistema de “control y coerción” y sospecha intenciones ofensivas detrás del rearme.
La Ley Fundamental alemana (artículo 4) garantiza el derecho a la objeción de conciencia, permitiendo sustituir el servicio armado por uno civil. Michael Schulze von Glaßer, director de la Sociedad Alemana por la Paz (DFG-VK), recibe cada vez más consultas de jóvenes y padres desde que comenzó el debate en primavera. “El Ejército interrumpe la planificación de vida y alimenta la carrera armamentística”, advierte, señalando el riesgo de una escalada nuclear. Mientras Jimi planea escapar si lo llaman a filas, activistas preparan nuevas protestas para el día de la votación. Para miles de adolescentes, el futuro pende de un hilo entre la coerción estatal y el derecho a decir “no”.

