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“Ha entrado en una fase de paranoia”: la reacción cautelosa y represiva del régimen Ortega-Murillo en Nicaragua tras la captura de Maduro

Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua ha adoptado una respuesta dual: gestos públicos de moderación (como la liberación de unos 30 presos políticos) y un aumento significativo de la represión interna (detenciones de quienes celebraron la caída de Maduro en redes sociales). Expertos consultados por BBC Mundo describen al gobierno nicaragüense como inmerso en una “fase de paranoia”, con desconfianza extrema hacia su propio círculo de poder, requisas de pasaportes a altos funcionarios y brigadas sandinistas casa por casa para evaluar lealtad. La caída de Maduro ha dejado a Nicaragua como el último bastión bolivariano fuerte en la región, pero sin el respaldo económico venezolano de antaño y con una dependencia crítica del mercado estadounidense.
La respuesta pública: de la condena comedida a la acusación de "terrorismo"
Inicialmente, el gobierno nicaragüense condenó la operación estadounidense de forma discreta, exigiendo “respeto a la soberanía venezolana” y la liberación de Maduro y Cilia Flores en un comunicado titulado “Nicaragua por la verdad, la paz, la justicia y la vida”. El jueves 15 de enero, Ortega endureció su discurso: calificó la captura como “un acto de terrorismo” y acusó a Washington de “actitud imperialista” y creerse “dueños de la tierra”.A pesar del tono, la respuesta ha sido más contenida que en otros momentos históricos, sin grandes movilizaciones oficiales ni retórica incendiaria como en el pasado.
Represión interna: detenciones por celebrar en redes la caída de Maduro
Doce horas después de la captura, según el periodista Carlos Chamorro (Confidencial), Rosario Murillo convocó una “encerrona secreta” en el búnker de El Carmen con jefes policiales y operadores políticos, ordenando un “estado de alerta” para impedir celebraciones o comentarios favorables a la operación estadounidense.Esto derivó en la detención de al menos 60 personas (civiles, jóvenes y mayores) que expresaron alegría en redes sociales. Organizaciones como la Unidad de Defensa Jurídica (UDJ) confirman que 49 seguían detenidas la semana pasada, sin nuevos datos oficiales.Claudia Pineda (UDJ) denuncia que “no hay discriminación: personas mayores, jóvenes… todos civiles”. La represión se enmarca en la legislación de “traición a la patria”, que castiga con años de cárcel cualquier apoyo percibido a acciones extranjeras contra el régimen.
La "paranoia" interna: desconfianza hacia el propio círculo

Félix Maradiaga (expolítico exiliado y presidente de RELIAL) describe al régimen como “en una fase de paranoia”:

  • Se han requisado pasaportes a altos oficiales de Policía y Ejército, jueces, magistrados, alcaldes y cuadros sandinistas de primer nivel.
  • Brigadas del Frente Sandinista recorren casa por casa a líderes comunitarios para hacer “diagnósticos de disposición combativa” (evaluar lealtad).
  • La desconfianza se dispara hacia el círculo íntimo, un patrón que se intensificó tras ver la “traición interna” que, según Ortega-Murillo, facilitó la captura de Maduro.

Maradiaga explica que el régimen teme que les ocurra lo mismo: “Creen que los anillos de lealtad no son tan sólidos como pensaban”. Carlos Chamorro añade que Ortega y Murillo “se ven en el espejo de Maduro”: las dictaduras no son invulnerables y sus aliados (Rusia, China) no sirven de protección ante EE.UU.

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