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Cómo desapareció la civilización de los Tiwanaku, la “cultura madre” de América del Sur

los años 400 y 900 d.C., extendiendo su influencia desde el altiplano boliviano hasta regiones de Perú, Chile y Argentina. Su centro neurálgico, la ciudad-estado de Tiwanaku, ubicada a casi 4.000 metros de altura cerca del lago Titicaca, destacó por su ingeniería monumental: construcciones con bloques de piedra de hasta 130 toneladas, pirámides como la Akapana —la más antigua de Sudamérica— y sistemas de agricultura avanzados como los sukakollos, terrazas con riego eficiente que sustentaron a una población multiétnica y multilingüe. Sin embargo, pese a su grandeza, hacia el año 1000 d.C. la civilización inició un declive gradual que culminó en su desaparición.

El colapso no fue repentino, sino un proceso de al menos 200 años marcado por una conjunción de factores. La evidencia arqueológica sugiere que una sequía prolongada afectó gravemente los sistemas agrícolas, base de su economía. Esto, sumado a posibles revueltas internas contra las élites gobernantes y la presión de grupos externos, debilitó la estructura política y económica. Investigadores como Bruce D. Owen proponen que el imperio experimentó una “diáspora en dos etapas”: primero, una migración limitada a colonias en zonas medias como Moquegua (Perú) o Cochabamba (Bolivia), y luego una dispersión masiva y violenta tras el colapso definitivo de la ciudad hacia el 1100 d.C.

Aunque saqueos posteriores y la reutilización de sus piedras en construcciones modernas dificultan hallar respuestas definitivas, los estudios coinciden en que ningún factor aislado explica su fin. La falta de escritura y la escasa excavación del sitio (solo un 10% explorado) mantienen vivos los enigmas. Lo que perdura es su legado: técnicas agrícolas, simbologías religiosas y conocimientos arquitectónicos que luego adoptarían los incas, herederos indirectos de esta civilización que, tras siglos de dominio, se desvaneció en la memoria del altiplano.

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