Tras 40 días de conflicto con Estados Unidos e Israel, Irán ha llegado a una conclusión estratégica clara: su herramienta más efectiva no es su programa nuclear, sino el control del estrecho de Ormuz.Este angosto paso marítimo, situado entre Irán y Omán, es por donde circula cerca del 20% del petróleo crudo mundial. Al bloquearlo o restringir su uso, Irán generó una presión inmediata sobre la economía global y obligó a Washington a priorizar la reapertura de la ruta como condición clave para cualquier negociación de alto el fuego.Funcionarios del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) reconocen que amenazar los suministros energéticos internacionales resultó más influyente que una escalada militar convencional. Nunca antes Irán había cerrado el estrecho de forma tan efectiva, ni siquiera durante la guerra Irán-Irak (1980-1988).
Cómo Irán utilizó el estrecho durante el conflicto
Desde el inicio de los ataques estadounidenses e israelíes a finales de febrero de 2026, Irán combinó ataques con misiles y drones contra objetivos en el Golfo con la interrupción del tráfico marítimo en Ormuz. Esta estrategia:
- Elevó drásticamente los precios del petróleo y el gas.
- Generó incertidumbre en los mercados energéticos mundiales.
- Obligó a Estados Unidos y sus aliados a replantear su enfoque, pasando de objetivos militares a la seguridad del estrecho.
Propuestas iraníes para el futuro
Tras el alto el fuego, Irán mantiene una posición firme. El Parlamento y su Comisión de Seguridad Nacional han discutido un proyecto de ley para imponer peajes a los buques que transiten por el estrecho. Una de las ideas planteadas es cobrar un dólar por cada tres barriles de petróleo transportados.Otras propuestas incluyen:
- Exigir que los buques declaren su carga.
- Realizar pagos en moneda iraní.
- Negar el paso a “buques enemigos”.
Imagen de victoria y fragilidad interna
Los medios estatales iraníes han presentado el alto el fuego como una victoria de la “doctrina Jamenei”. Sin embargo, detrás de la narrativa triunfalista existe una realidad más frágil: el ejército iraní ha sufrido pérdidas significativas, la economía está bajo fuerte presión por las sanciones y el conflicto, y el régimen ha ejecutado al menos 13 personas acusadas de espionaje durante la guerra, lo que refleja temor a la disidencia interna.
Un precedente peligroso
Si Irán logra imponer un sistema de peajes o control permanente sobre Ormuz, sería una victoria estratégica y simbólica de gran magnitud. No obstante, analistas advierten que esto podría unir a Estados Unidos, sus aliados de la OTAN y potencias regionales en una respuesta coordinada, ya sea diplomática, económica o incluso militar.La libertad de navegación en Ormuz es un principio fundamental para Occidente, y cualquier intento de cobrar peajes o restringir el paso sería visto como un peligroso precedente.

