El 1 de abril de 2026, la NASA lanzará la misión Artemis II, que enviará a cuatro astronautas a dar la vuelta a la Luna. Esta misión, que costará hasta la fecha unos 93.000 millones de dólares, representa el primer paso tripulado del programa Artemis hacia un alunizaje sostenido y, eventualmente, el establecimiento de una base lunar permanente.Aunque las misiones Apolo de los años 60 y 70 ya llevaron humanos a la Luna, la NASA tiene claras razones estratégicas, científicas y económicas para regresar medio siglo después.
1. Recursos naturales valiosos
Lejos de ser un desierto árido, la Luna contiene los mismos elementos básicos que la Tierra. La profesora Sara Russell, científica planetaria del Museo de Historia Natural de Londres, destaca la presencia de elementos de tierras raras (escasos en la Tierra), metales como el hierro y el titanio, y helio, útil en superconductores y equipos médicos.El recurso más prometedor es el agua, atrapada en minerales y especialmente en forma de hielo en cráteres permanentemente sombreados de los polos lunares. El agua no solo serviría para beber, sino que podría separarse en hidrógeno y oxígeno para generar aire respirable y combustible para naves espaciales. Acceder a estos recursos es clave para cualquier presencia humana sostenible en la Luna.
2. La carrera por el dominio del espacio
Al igual que las misiones Apolo fueron impulsadas por la competencia con la Unión Soviética, el programa Artemis responde ahora a la rápida progresión de China. Pekín ha logrado aterrizajes robóticos exitosos en la Luna y planea enviar astronautas antes de 2030.Tanto Estados Unidos como China buscan controlar las zonas lunares con mayor concentración de recursos. Aunque el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe la propiedad de la Luna, permite operar en zonas específicas sin interferencias. “Una vez que estás allí, lo tienes todo el tiempo que quieras”, explica la astronauta británica Helen Sharman.
3. Banco de pruebas para llegar a Marte
La NASA tiene como objetivo enviar humanos a Marte en la década de 2030. Sin embargo, vivir en el planeta rojo es mucho más complejo y arriesgado. La Luna representa un entorno más accesible y económico para probar tecnologías esenciales: sistemas de soporte vital (aire y agua), generación de energía, construcción de hábitats y protección contra radiación y temperaturas extremas.“Es mucho más seguro y fácil probarlas en la Luna antes de intentarlo en Marte, donde un fallo podría tener consecuencias catastróficas”, señala Libby Jackson, del Museo de la Ciencia de Londres.
4. Descifrar misterios científicos
Las rocas traídas por las misiones Apolo revelaron que la Luna se formó tras el impacto de un cuerpo del tamaño de Marte contra la Tierra hace unos 4.500 millones de años. Sin embargo, aún quedan muchos interrogantes.La Luna actúa como una “cápsula del tiempo” que conserva el registro geológico de la Tierra temprana, ya que carece de placas tectónicas, viento o lluvia que borren esa historia. Nuevas muestras de distintas zonas lunares podrían enriquecer enormemente nuestro conocimiento sobre el origen del sistema solar y de nuestro propio planeta.
5. Inspirar a una nueva generación
Las misiones Apolo, retransmitidas en blanco y negro, inspiraron a millones de personas a dedicarse a la ciencia, la tecnología y la ingeniería. Las misiones Artemis, transmitidas en alta calidad y en directo, buscan repetir ese efecto.“Vivimos en un mundo tecnológico. Necesitamos científicos, ingenieros y matemáticos, y el espacio tiene una capacidad extraordinaria para despertar el interés por esas materias”, afirma Libby Jackson. Además, se espera que el desarrollo tecnológico genere nuevos empleos y una economía espacial que devuelva parte de la inversión realizada.Helen Sharman añade que el regreso a la Luna puede servir de impulso global: “Si realmente nos unimos, podemos lograr muchas cosas que beneficien a la humanidad”.

